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Verduras amargas

   Cuando se trata de comer ciertas verduras, las opiniones generalmente están divididas. Hay quienes disfrutan el sabor del brócoli, la coliflor, la col de Bruselas, los rábanos y los nabos. Otras personas, en cambio, los detestan y prefieren evitarlos.

   Unos investigadores han encontrado una explicación genética a esto mediante el siguiente experimento.

   A un grupo de voluntarios se le dio a degustar diferentes verduras de este tipo. Encontraron que a algunos de ellos les parecían demasiado amargas e incomibles. Otros, en cambio, no las percibían así e incluso eran de su agrado.

   Al hacerles un estudio genético reconocieron que los individuos especialmente sensibles al sabor amargo tenían activados dos genes específicos, encargados de la producción de ciertos receptores que se encuentran en la lengua.

   Éstos, al unirse con una sustancia llamada «glucosinolato», abundante en estas verduras, generan la sensación de amargor. En cambio, en las personas que gustaron de comerlas, estos genes no se hallaban activados.

   Los investigadores creen que el número de dichos receptores es mayor en la niñez y que disminuye con la edad. Lo anterior explicaría el gran disgusto que muestra la mayoría de los pequeños hacia esas verduras.

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