Cuando la temperatura corporal se eleva, las más de las veces por una infección, una medida inmediata y habitual es la ingestión de una aspirina u otro medicamento que atenúen la fiebre. Sin embargo, los estudios realizados por un grupo de inmunólogos señalan que esa conducta no siempre es la más apropiada, ya que la fiebre tiene algunos beneficios. Estos científicos colocaron un lote de ratones en una caja térmica que elevó su temperatura corporal hasta 40°C. Después les inyectaron sus propios glóbulos blancos, tratados de forma previa con un pigmento fluorescente para poder rastrearlos. Lo mismo hicieron con otro grupo, al que mantuvieron en condiciones normales.