Dicen por allí que los niños aprenden lo que viven. «Si un menor vive con tolerancia, se instruye a ser paciente»; empero, infortunadamente, «si se desarrolla en un ambiente hostil, se educa para pelear». El maltrato físico en casa hace mucho más que dejar a los pequeños con huesos rotos, quemaduras y otras heridas. Hay algunos científicos que sospechan que esta crueldad de los padres vuelve muy sensible el sistema perceptivo de los niños en edad escolar para captar los signos de enojo en las expresiones faciales de los otros. Los infantes maltratados se adaptan a su realidad hostil tras desarrollar una especie de radar emocional ante el mínimo indicio de enfado.