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Caimanes sensibles

   Si buscáramos algún ejemplo de suavidad y tersura, seguramente la piel de los cocodrilos y caimanes no sería el mejor. Pero detrás de esas caras duras y esa epidermis áspera se esconde una aguda sensibilidad, aun mayor que la nuestra.

   Los caimanes poseen en la cara receptores de presión tan sensibles que pueden detectar ondas en la superficie del agua provocadas por el más mínimo disturbio. La piel de estos animales es más perceptiva que la humana, más todavía que la de nuestros labios.

   Los científicos sospechaban que ciertos puntos oscuros en la piel de dichos reptiles funcionaban como órganos sensibles, ya que se conectaban con el nervio trigeminal, el más grueso de los nervios craneales en un caimán. Como referencia, éste tiene poco más o menos una cuarta parte del grosor de nuestro dedo meñique.

   A fin de detectar qué información percibían los puntos faciales, los investigadores vigilaron los impulsos en los nervios conectados a estas áreas. Para estimularlos, utilizaron corriente eléctrica, luces y restos en estado de descomposición, pero no se registró ninguna respuesta. Los nervios del animal respondieron sólo hasta que alguien metió la mano en el agua del estanque donde se encontraba el lagarto. Incluso con los ojos y oídos tapados, los cocodrilos respondieron e intentaron morder el punto del estanque donde se dejó caer una gota de agua.

   Los investigadores advirtieron, además, que los caimanes sólo respondían a los disturbios del agua cuando estaban sumergidos hasta la mitad. Permanecer en esta característica posición le permite al caimán captar el más mínimo movimiento en el agua gracias a los pequeños receptores en su cara… y cazar de noche.

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