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Tiburones y cáncer

   Bajo una falsa premisa, ha resultado un magnífico negocio vender cartílago de tiburón en polvo a muchas personas que padecen alguna malformación cancerosa y que no han respondido a las terapéuticas convencionales.

   Biólogos marinos han notificado múltiples casos de tiburones en los que se han encontrado tumores de diversos tipos. Esto echa por tierra la teoría de que su cartílago puede curar el cáncer.

   La enorme difusión que ha tenido este tejido animal como supuesto inhibidor de las afecciones malignas se debe, en buena medida, a que no se ha vendido como medicamento (lo cual requeriría la comprobación experimental y clínica de su eficacia), sino como «complemento alimenticio», dentro de lo que hoy se ha dado en llamar «medicina alternativa». En los hospitales oncológicos más importantes, los historiales clínicos de los pacientes revelaron que un elevado porcentaje de ellos tomaba cartílago de tiburón.

   Por esa razón se llevaron a cabo proyectos de investigación para determinar si éste podía ser un medicamento útil en el tratamiento de pacientes con cáncer.

   Los estudios indicaron que, si bien no se encontró que fuera tóxico, tampoco se reconoció beneficio alguno.

   Otro problema que ha propiciado la moda del cartílago de tiburón es que, en virtud de que resultó un producto muy lucrativo, se desató una matanza irracional de escualos, dado que su esqueleto está constituido totalmente de cartílago, a diferencia de los mamíferos, que sólo lo poseen en las articulaciones. En la actualidad, en el Atlántico Norte y el Golfo de México, la población de tiburones es sólo el uno o dos por ciento de lo que fue hace 50 o 100 años.

   No es válido propiciar la extinción de ninguna especie, y menos aún a raíz de una moda lucrativa de terapia alternativa sin sustento científico

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