Ir al contenido principal

Vacas locas

   A mediados de la década de 1980, Europa fue azotada por una epidemia conocida como «enfermedad de las vacas locas». Miles de cabezas de ganado tuvieron que sacrificarse y se cree que algunas personas murieron por comer carne infectada.

   Este mal no es consecutivo a una bacteria o un virus. Un bioquímico llamado Prusiner, premio Nóbel en 1997, descubrió que una proteína, a la que llamó «prion», era el agente etiológico. Las proteínas son moléculas gigantes formadas por cadenas de aminoácidos, que se enrollan y doblan en una forma característica para cada una y su funcionalidad depende de su forma tridimensional.

   El prion tiene la misma composición que una proteína normal del sistema nervioso, pero su doblado y enrollado son diferentes. Al contacto con proteínas normales, provoca que éstas adopten la forma del prion y es la acumulación de estas proteínas anormales en el sistema nervioso lo que ocasiona la enfermedad.

   Hasta hace poco tiempo, detectar a los animales infectados con este trastorno era complicado y tardado, además de que sólo se podía realizar tras inocular a ratones con células de aquellos que habían muerto por la enfermedad. El tiempo de incubación es muy largo y los resultados podían tardar hasta 36 meses. Durante ese tiempo, la epidemia podía extenderse o bien se sacrificaba inútilmente a animales sanos.

   En fecha reciente se desarrolló un método para identificar a los priones con el empleo de tejidos de animales vivos, aunque éstos no muestren síntomas del padecimiento. Se pueden realizar de esa manera cientos de exámenes al mismo tiempo y los resultados se consiguen después de cinco horas, lo que permite localizar a los priones y eliminar los animales afectados antes de que se desate una epidemia

Entradas populares de este blog

Los ojos de las vacas revelan su estrés

   Dicen por allí que «los ojos son el reflejo del alma» pero, sin pretender ser tan profundos, bien se los puede considerar como indicadores de salud y ello puede aplicarse incluso a ciertos animales.    Un grupo de investigadores ha descubierto recientemente que mirar a los ojos de una vaca podría indicarnos algo más sobre su bienestar. Si usted quiere saber cómo se siente uno de estos herbívoros, simplemente mire el globo ocular y cuanto más estresado esté el animal, más grande será la parte blanca de sus ojos.

Gasto de energía al cargar

   Las leyes elementales de la física y la lógica nos permiten entender que, si una persona carga 20 por ciento más de su peso corporal, tendrá que consumir 20 por ciento más de energía; es decir, que el gasto de energía es proporcional al peso de la carga.    Sin embargo, un equipo de fisiólogos observó que los sherpas de Nepal, guías que cargan el bastimento y el equipo de los alpinistas que ascienden al Himalaya, son capaces de cargar la misma cantidad de su peso corporal sin tener un gasto adicional de energía y pueden transportar cargamento con 60 por ciento de su peso con gasto mucho menor de energía que los soldados del ejército cuando llevan un peso equivalente en sus mochilas modernas y ergonómicas.    Un ahorro energético semejante se ha observado en unas mujeres de las tribus Kikuyu del África oriental. Los fisiólogos calcularon la energía gastada por estas personas, a través de unas máscaras que midieron el oxígeno consumido y el dióxido ...

Pitonisas

 Antes de partir hacia la guerra o tomar una importante decisión, generales, reyes y gobernantes de la antigua Grecia acudían al oráculo de Delfos, situado debajo del templo de Apolo, para solicitar las profecías y consejos de las pitonisas.    Éstas eran las sacerdotisas que mantenían el fuego del templo. El oráculo se hallaba en un lugar subterráneo, en donde había un abismo en cuyo fondo corría el agua de un manantial. La pitonisa se colocaba en un trípode, encima de la falla, y aspiraba el pneuma, un gas de olor dulzón. Entraba en trance y respondía en forma alterada y ambigua a las preguntas que le hacían. Un sacerdote interpretaba después las respuestas. Algunas veces, las pitonisas experimentaban episodios de gritos y estertores y se asegura, según la tradición, que algunas murieron.    Hasta ahora los arqueólogos han buscado, sin éxito, el abismo, el manantial y los gases de olor dulce. Sin embargo, hace poco tiempo un equipo de investigadores rea...