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Catacumbas

   La química analítica ha venido a echar por tierra la idea generalizada entre los historiadores según la cual la construcción y diseño de las catacumbas en Roma había sido obra de los primeros cristianos. Se trata de 62 construcciones subterráneas que contienen cámaras y pasillos trazados en forma aleatoria e intrincada.

   Fueron empleadas para enterrar a los muertos y venerar a los mártires. Su diseño laberíntico resultó ideal para esconderse y huir en tiempos de persecución y levantamientos civiles.

   Al medir la cantidad de carbono-14 en lo que parecen ser restos de madera quemada encontrada en la pared de una de las catacumbas, los investigadores pudieron determinar que ésta data de más o menos 50 años antes de la era cristiana.

   Esto hace pensar que las catacumbas son una tradición judía anterior al cristianismo.

   Se le llama carbono-14 a unos átomos de este elemento que son ligeramente más pesados que los átomos comunes de carbono. Éste se encuentra en cantidades pequeñísimas mezclado con el resto del carbono normal en todo el planeta.

   Las plantas y animales en sus procesos de fotosíntesis y respiración reciclan de forma constante el carbono atmosférico, el terrestre y el acuático, en forma de dióxido de carbono. A esto se lo conoce como «ciclo del carbono».

   Los seres vivos son los que contienen mayor proporción de carbono-14, pero una vez que mueren y dejan de participar activamente en este ciclo la cantidad de carbono-14 decrece de manera gradual. Mientras menos carbono-14 contenga un fósil, más antiguo será. Este procedimiento es muy útil para determinar la época en que diferentes objetos estuvieron vivos. Es una herramienta de gran utilidad para geólogos, antropólogos, arqueólogos e historiadores.

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