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Vejez, movilidad y genes

   A todos nos ha sorprendido ver a adultos mayores de 80 años que son capaces de realizar sus tareas cotidianas sin dificultad y que pueden caminar y subir escaleras sin fatigarse demasiado. En cambio, no es raro encontrar a otros, algunas veces menores de 70 años, cuya movilidad se encuentra francamente deteriorada.

   Un estudio realizado con 3 mil ancianos mostró que conservar o perder esta capacidad en la edad adulta no dependía, como se creería, de que la persona estuviera acostumbrada a hacer ejercicio.


   Esto condujo a unos investigadores a efectuar un estudio comparativo de los genes de los dos tipos de personas y encontraron en ellos una diferencia significativa.

   En los cromosomas hay un gen encargado de la formación de una enzima conocida como «convertidora de angiotensina», cuya función es la de fortalecer la contracción cardiaca y regular la presión sanguínea. Este gen se puede presentar en las versiones larga y corta.

   El gen corto posee una mayor capacidad de producir la enzima convertidora de angiotensina y los atletas con dos copias de él destacan en deportes de fuerza y poder. Aquellos con dos copias del largo lo hacen en deportes de resistencia.

   Una tercera parte de los ancianos estudiados, quienes aún conservaban sus facultades de movimiento luego de los 70 años, mostraron dos copias de la versión corta del gen. Se cree que la enzima les proporciona fuerza adicional, que los protege de lesiones.

   Las personas con dos copias de la versión larga del gen, y por tanto con niveles más bajos de la enzima, presentaron 45 por ciento mayor propensión a tener una capacidad motora atenuada respecto de quienes tenían al menos una copia del gen corto.

   Sin embargo, cualquiera que sea la genética de cada persona —en este caso de los adultos mayores—, su movilidad se verá favorecida si hace ejercicio con regularidad.

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