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Orcas y turismo

   De acuerdo con nuevas investigaciones, el turismo ha afectado a las ballenas asesinas. Los estudios indican que tal vez los botes de los turistas observadores de orcas hacen demasiado ruido, de tal forma que estos mamíferos han tenido que modificar sus llamados de comunicación.

   Grabaciones hechas durante los últimos tres años, después del boom de la observación de las ballenas frente al estado de Washington, en Estados Unidos, mostraron que ahora las orcas alargan su sonido característico cerca de un 15 por ciento cuando los botes se acumulan alrededor de ellas.


   Los registros efectuados hace algunos años, cuando había menos embarcaciones de turistas, no mostraban ninguna relación entre la duración del llamado y la presencia de las naves. Al parecer, que los botes sigan a las ballenas no interfiere con la comunicación animal hasta que el número de motores aumenta demasiado y se genera un ruido excesivo.

   De manera natural, las personas ajustan sus voces para ser escuchados sobre un ruido de fondo; en realidad, las recientes investigaciones sugieren que los animales actúan de la misma manera. Por ejemplo: los pájaros que viven cerca de zonas donde hay mucho tránsito tienden a cantar a un volumen mayor.

   En el estudio enfocado en las orcas, el equipo analizó grabaciones de tres grupos de ballenas relacionadas por línea materna. En ellos, todos los integrantes parecían quedarse al lado de la madre; aún más, se observaron machos de 30 años de edad que seguían en el conjunto. Cada una de estas manadas tiene un llamado distintivo, que ocupa más de la mitad de las vocalizaciones de las orcas; además, este sonido puede coordinar a los individuos del grupo a distancia.

   Los científicos señalan que los llamados de cada uno de los grupos estudiados pueden describirse como un silbido de tren, el maullido de un gatito y una flauta de émbolo. Al comparar la duración de estas comunicaciones, con y sin la presencia de los botes, en grabaciones de 1977 a 1981, 1989 a 1992 y 2001 a 2003, reconocieron diferencias sólo en este último periodo.

   Durante la década de 1990 el número promedio de botes alrededor de una manada de ballenas era de cinco, mientras que ahora es de 22, lo que explica la diferencia en la comunicación de estos mamíferos. El descubrimiento es digno de atención porque, si bien es importante que las personas conozcan a estos animales y así aprendan a respetarlos, también es necesario considerar lo que el turismo masivo puede generar en estos y otros habitantes de nuestro planeta.

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