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Mosquito Anopheles transgénico


 Cuando un mosquito llamado Anopheles pica a una persona e inyecta en su torrente sanguíneo el microorganismo Plasmodium, poco tiempo después el individuo presenta los síntomas del paludismo. El mosquito, a su vez, lo adquirió al extraer sangre de algún sujeto aquejado de ese mal.

   Gracias al uso de medicamentos e insecticidas, en la segunda mitad del siglo XX se creyó erradicado este padecimiento. No obstante, ahora han aparecido nuevos brotes en todo el mundo, debido a que el Plasmodium se tornó resistente a los medicamentos antipalúdicos y el mosquito a todo tipo de insecticidas. Por lo tanto, el problema debe atacarse con otro enfoque.


   Para ello, los genetistas obtuvieron un mosquito Anopheles que no es hospedador del Plasmodium. Esto se consiguió tras modificar un gen de su ADN que favorecía la instalación de este protozoario. El mosquito transgénico, además, presenta una «ventaja» sobre el Anopheles normal, ya que se reproduce en mayor proporción que el original, pone un mayor número de huevecillos y es más longevo.

   Cuando se alimentó a mosquitos transgénicos y normales con sangre de un ratón infestado por Plasmodium, los transgénicos superaron a los otros en número y tiempo de vida.

   La hipótesis de los investigadores señala que, si se liberaran mosquitos transgénicos en las zonas palúdicas, al cruzarse éstos con los normales su mayor capacidad reproductiva permitiría que, después de algún número de generaciones, se extinguiera el que transmite el paludismo.

   Sin embargo, la ecología es tan compleja que es posible que la introducción de la especie transgénica pudiera provocar cambios inesperados e indeseables en la biodiversidad, y que «el remedio resultara peor que la enfermedad».

   Sin duda, mayor investigación sobre el tema podrá responder esta incógnita y aportar avances para el combate de esta enfermedad.

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