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Contaminación positiva

   Algunos de los componentes de nuestra atmósfera, presentes aun antes de que el hombre la contaminara, son los «aerosoles». Así se le llama a una diversidad de partículas pequeñísimas, líquidas o sólidas, que provienen de fenómenos naturales, como la erosión del viento sobre la tierra, erupciones volcánicas, rompimiento de las olas o incendios forestales.

   La actividad humana ha incrementado la cantidad y diversidad de los aerosoles. Hoy flota en la atmósfera, sobre todo encima de las grandes ciudades, una enorme cantidad de partículas contaminantes que provienen principalmente de la quema incompleta de todo tipo de combustibles; dichas partículas provocan daños a la salud, en especial afecciones respiratorias.


   Sin embargo, los cálculos realizados por químicos atmosféricos revelan pese a todo una faceta positiva de los contaminantes.

   Según sean el tamaño de la partícula y sus propiedades ópticas, los aerosoles dispersan y absorben la radiación solar, de tal modo que disminuyen el calentamiento que ésta provocaría en la Tierra si no la interceptaran esas partículas flotantes.

   Al cuantificar la cantidad de aerosoles existentes se ha calculado el nivel de radiación que absorben. Una conclusión que se ha inferido es que, sin el enfriamiento que provocan los aerosoles, para el año 2100 la temperatura del planeta llegaría a aumentar entre 6 y 10°C.

   Las partículas de aerosol, a su vez, favorecen que alrededor de ellas se condensen moléculas de agua, lo que da lugar a la formación de nubes. Este es otro factor cuya acción sobre el clima aún debe cuantificarse.

   Por último, algo que desconocemos es cómo se vería afectado el clima si se llegaran a eliminar por completo todos los aerosoles generados por el hombre.

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