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Uranio y pulmones

   El uranio es un metal compuesto por tres tipos de átomos, que difieren entre sí por su peso. Uno de ellos, el uranio 235, tiene la propiedad de ser el más «radiactivo».

   Esto significa que es inestable y tiende a desintegrarse y desprender gran cantidad de energía. Este tipo de uranio puede aislarse mediante un proceso químico y es el que se usa para fabricar armas nucleares y generar energía eléctrica a partir de la nuclear.


Al uranio que queda al extraer el 235 se lo conoce como «uranio empobrecido». Como es un metal de gran densidad, desde 1991 se ha utilizado en la industria bélica, dado que las municiones fabricadas con él tienen una gran penetración. Sin embargo, al impactarse se convierte en un polvo muy fino, que permanece en el aire.

   Se han suscitado acaloradas controversias, con ciertos tintes políticos, acerca del daño que, al inhalarse, produce este residuo. No obstante, un estudio reciente, en el que se expusieron cultivos de tejidos pulmonares al polvo del uranio empobrecido, mostró que éste tiene efectos citotóxicos, provoca cambios estructurales en los cromosomas y, por esto mismo, puede ser cancerígeno. El deterioro es proporcional al tiempo de exposición y la concentración.

   El efecto es semejante al inducido por otros metales pesados, como el plomo, y no por radiactividad, como se creía y habían difundido algunos medios

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